Por Osiris Garrido
“Humanizar la marca” se ha convertido en una frase de moda. En el mundo de los negocios a través de las redes sociales, mucho se habla de un concepto que recién adquiere nombre y apellido pero que ya lleva rato aplicándose aunque quizá haya sido de manera intuitiva.
Nada más humano que errar, por eso en 2010 la marca Dominos ganó millones de fieles seguidores al reconocer abiertamente que sus pizzas no eran las más deliciosas del mercado y anunció que harían cambios importantes, lo cual fue percibido por los consumidores como un gran acto de valentía.
Dove es otro claro ejemplo de una marca humanizada, cuando promueve el concepto de aceptarse tal cual uno es, no importa la raza, la edad, ni la talla, solo el amor propio por sobre todas las cosas, y ese es un concepto tan humano que ha perdurado por décadas como mensaje central de sus productos cosméticos.
Entonces una cosa es humanizar la marca a través de la atribución de mensajes o acciones que son exclusivas del ser humano y otra muy distinta es mostrar una figura, un influencer o incluso al dueño de la marca por grande o pequeña que sea. No podemos confundir los conceptos solo por pretender llevar nuestra marca a lo que está en tendencia.
Para humanizar una marca se debe apostar a aspectos como: presencia física, sociabilidad, inteligencia emocional, personalidad y ética, todos posibles de lograr destacando los atributos de un producto o servicio.


